| Jardines Sustentables |
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| Escrito por Administrator |
| Sábado, 21 de Agosto de 2010 19:48 |
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Introducción Lic. Victoria Massola Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla Nuestra flora nativa incluye cerca de 10.000 especies, desde árboles de gran porte, hasta los musgos, muchas de ellas susceptibles de cultivo, con funciones utilitarias u ornamentales. El concepto de “nativa” remite a las propias de una determinada división política (país, provincia) sin distinción de las características edafo- climáticas (suelo y clima), que diferencian las regiones, desde el punto de vista ecológico. (Ej. Palos Borrachos, Jacarandaes, Araucarias, entre tantas, que adornan nuestra ciudad, son nativas, pero no autóctonas). No estarían aquí, de no haber sido cultivadas. Las autóctonas crecen desde mucho antes que el nativo estuviera deambulando por nuestro suelo, lejos de necesitar de nuestra intervención, sin embargo, suelen verse muy afectadas por ella: el laboreo de la tierra, la ganadería, el desmalezado, la urbanización con criterios tradicionales de parquización y jardinería, que apelan a la introducción de especies exóticas, las “importaron”, las trajeron desde otros continentes, otras latitudes, con otros requerimientos ambientales y que por la “moda” o la “globalización” -también a ellas les toca-, se las introduce, acarreando un alto costo ambiental (agua, fertilizantes, plaguicidas,) IMPORTANTE: Ante la apremiante crisis planteada por la escasez de agua, se hace palpable una realidad: nuestra región, de régimen semidesértico, exige un gasto ya insostenible de recursos, para la continuidad de espacios verdes artificiales. Desde 1860 hasta 1881, el intendente Don Luis Caronti, tomó tres registros diarios, de datos climáticos, estableciendo una media anual de 488mm de lluvia, con tres secas extraordinarias, en esos 21 años. (De “Viaje al País de los Araucanos”, de Estanislao Zeballos). Ese panorama, no ha cambiado mayormente, y es poco razonable (y responsable), pretender ajustar el clima regional a nuestras expectativa (especialmente régimen de precipitaciones y temperaturas). Un ej. aun cotidiano en los parques y jardines, es el uso de césped típico, requiere, sin grandes pretensiones, al menos un par de riegos semanales, con alrededor del equivalente a ¡20 mm... de lluvia cada vez!. Varias veces los registros locales, sin contar con la distribución estacional. Eso hace insustentable tal uso. No obstante y sin renunciar a un tapizado verde, podemos emplear el césped convencional para las áreas de uso más intensas y, para el resto, utilizar otras especies “autóctonas”, más rústicas, con el mínimo de requerimiento, para las zonas de menor uso, por ejemplo Phyla canescens, es una planta rastrera, parecida a una Lantana, pero mucho más pequeña , flores de 2mm de ancho, blancas, muy perfumadas, especialmente cuando les da el sol y puede formar una alfombra muy densa, tolera ampliamente la sequía. REQUERIMIENTO AMBIENTALES DE NUESTRAS PLANTAS AUTOCTONAS: Sol: necesitan de esta maravillosa fuerza, por cierto además gratuita y que cada amanecer, resulta ser la única fuente energética proveniente del exterior, que silenciosamente pone en funcionamiento nuestro planeta a partir de las masas de agua, el viento y las plantas. Para nuestra eco-región, en general las especies autóctonas, son entonces plantas heliofilas, o amantes del sol. Se desarrollan muy bien, si las cultivamos en lugares de nuestro jardín, donde dispongan la mayor cantidad posible de horas, con sol directo. Suelo: los prefieren profundos, sus raíces muy desarrolladas como una respuesta funcional adaptativa para captar el agua –limitada en nuestra región semidesértica- en profundidad, y de esta forma sostener la parte verde. Además esta maravillosa relación, genera otra contribución ambiental, también silenciosa: el profuso desarrollo radicular en profundidad, contribuye a evitar la erosión, sencillamente porque aglutinan las partículas del suelo, evitando las voladuras ( lo estamos padeciendo en los alrededores, como en el Partido de Villarino principalmente, donde continúan eliminando los montes nativos (Chañares, Piquillines, Algarrobos, Alpatacos, Eespinillos, etc, etc) y la perdida de suelo por voladura es irrecuperable!, sin considerar la perdida de biodiversidad asociada, agravada con el período de sequía intenso, (estamos siendo testigos de estas irreversibles pérdidas tanto en el SO bonaerense, como en muchos otros ecosistemas del país, agravándose día a día). Humedad: todas las plantas de nuestra región; hierbas, arbustos, leñosas, están absolutamente adaptadas fisiológica y anatómicamente para crecer en ambientes hostiles, climáticamente hablando. Temperaturas: frente a esta variable climática, también las plantas autóctonas son dignas de nuestra admiración y consideración. Desarrollan colores claros, rugosidades, formas, y tamaños foliares pequeños, estructuras, para protegerse de las grandes amplitudes térmicas, muy marcadas en la estación fría, como en el verano con elevadas temperaturas. La elección de especies y asociaciones vegetales, adaptadas al régimen hídrico, debería ser en primer lugar, atendiendo a las plantas autóctonas, en una palabra, ser coherente con una jardinería sustentable o Xerojardinería, que es una técnica de jardinería de bajo consumo de agua (ideal para nuestra región). Otros beneficios de la jardinería sustentable es el mantenimiento de la biodiversidad, principalmente, insectos y aves. La conexión entre áreas periurbanas, donde aun se conservan especies de la flora y fauna silvestre nativa y autóctona, la integración y el respeto por el paisaje, aportan servicios ambientales que debemos poner en valor. La práctica sustentable en cualquier forma, sea a partir de un cultivo orgánico o por el placer de armar un jardin ecológicos, más allá de los bienes consuntivos y no consuntivos que además puedan brindarnos, debe ya formar parte de la educación para una ciudadanía responsable ambientalmente. |



